Un rato tranquilo

Ayer Anika entre libros preguntaba en su Facebook qué música nos gustaba escuchar mientras leía. Yo soy incapaz de leer ya no digo con jaleo alrededor,  ni siquiera con música, aunque sea de fondo y con el volumen bajo.

Esto me lleva a pensar que nos pasamos el día rodeados de ruidos, no solamente en la calle o en el trabajo, también en casa. El sonido de la televisión siempre encendida (en mi casa por lo menos; es algo que odio), un niño estudiando la lección en voz alta, otros dos jugando con el perro y este ladrando alegremente a todo volumen, otra con la música a toda pastilla mientras ensaya pasos de baile o hace batuka, mi marido canturreando mientras está ocupado en el ordenador… Ya sé que esto no solo es la vida cotidiana, sino que también es la felicidad, y que lo echaré mucho de menos (estoy segura de que sufriré muchísimo) cuando ya no lo tenga, porque en algún momento, antes o después, los pájarillos volarán.

Pero… qué agradable es un ratito de silencio, que nadie te pida nada, que no se oigan ruidos durante un rato excepcional, como mucho el acordeón del hombre que toca en la calle (el otro día nos dio todo un recital de alegres canciones italianas que fue una delicia, otro grato momento para disfrutar).

Así que una tarde-noche de sábado de estas que  tenemos últimamente  (lluviosa, fría, desapacible, con las calles desiertas), y que ¡oh, milagro! todo el mundo ha salido y me quedo sola en casa, mi plan preferido es este:

  • mantita suave;
  • lámpara que dé buena luz para leer y cree un ambiente íntimo;
  • sofá para mí sola, con sus correspondientes cojines, sin tener que suplicar por uno de ellos;
  • una infusión de flores y frutas. En realidad me gusta más por lo bien que huelen, su aroma me produce una intensa sensación de bienestar. El sabor después me decepciona un poco, pero bueno, da ambiente… y ayuda a adelgazar,  y eso nunca viene mal;
  • el  libro que estés leyendo y, por supuesto, imprescindible,  que te esté gustando. Yo últimamente andaba con “El hombre del corazón negro”, de Ángela Vallvey, y con “Cartas que nunca esperé”, de María de la Pau Janer. Ambos me han hecho disfrutar mucho, cada uno a su manera, uno cuenta una historia terrible y el otro tiene un tono intimista. Pero bueno, a cada cual, lo que le guste: clásicos, best sellers, misterios, amor… el caso es pasarlo bien y disfrutar, sin tener que presumir después de la literatura tan buena que lees.

¡Y ya está! La tarde perfecta, anocheciendo, lloviendo fuera, y tú recogida en tu círculo de luz, acurrucada con tu novela, deseando que se alargue ese ratito lo más posible, olvidándote del mundo y sumergiéndote en otros…

Y si te cansas de leer, también puedes tener a mano, para después, una buena película, por ejemplo, una de esas antiguas en blanco y negro (mis hijos las detestan, donde esté lo actual…).

Y a ti, ¿qué te gusta hacer en estos anocheceres fríos y desapacibles?

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