La librería ambulante

¿Qué es lo primero que nos atrae de La librería ambulante? Pues yo creo que la foto de la cubierta, una preciosa fotografía antigua de una mujer comprando un libro a un vendedor ambulante. Y es que para mí una de las razones para escoger un libro es que me llame la portada, que me diga algo, y ésta me llamaba a gritos.

La librería ambulante, de Christopher Morley, y publicada por la Editorial Periférica, es una historia muy sencilla de amor, de amor a la literatura, a la naturaleza, a la vida en libertad. Es una novela radiante, sin argumentos complicados, que narra una sencilla y tierna historia con la que disfrutaréis y os conmoveréis. Fue la primera obra de su autor, y se publicó por primera vez en 1917, pasando a convertirse en un clásico de la literatura norteamericana.

Helen McGill vive en el campo con su hermano Andrew, escritor afamado que ha publicado ya dos libros con gran éxito en su comunidad. Helen dedica su vida a cuidar de la granja, de los animales, de su hermano, a cocinar… Como ella misma calcula “ha amasado una seis mil hogazas de pan en los últimos quince años”, mientras su hermano desaparece durante semanas buscando la inspiración y regresa para escribir sus andanzas. Un buen día aparece en la granja Roger Mifflin, el Profesor, con su librería ambulante El Parnaso tirada por una yegua y acompañado por su perro Bock. El Parnaso es un carretón que se abre por los dos lados para exponer la mercancía, y con espacio dentro para alojarse durante la noche, y con el que el Profesor ha recorrido el país vendiendo libros. Y es que el Profesor ama profundamente la literatura, adora los libros, logra encontrar el adecuado para cada persona… Como le  explica a Helen:

“… cuando le vendes un libro a alguien no solamente le estás vendiendo doce onzas de papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva.  Amor, amistad y humor y barcos que navegan en la noche. En un libro cabe todo, el cielo y la tierra…”.

La intención del señor Mifflin es intentar vender El Parnaso a Andrew, al que supone interesado en el negocio, ya que él se propone volver a Brooklyn para escribir sus memorias. Pero, sorprendentemente, es Helen la que decide dejarlo todo, hacerse cargo de El Parnaso y salir durante una temporada a recorrer el mundo, disfrutar de la vida sin ataduras y correr aventuras.

Y así, efectivamente, tras cerrar el trato se marcha en compañía del señor Mifflin, escapando de la persecución de su hermano Andrew. Y aquí empiezan las deliciosas andanzas de la librería ambulante, viajando de pueblo en pueblo, de granja en granja, disfrutando de la naturaleza y de la literatura, y viviendo aventuras que leemos y disfrutamos con una sonrisa en la cara.

Una bonita y sencilla historia para leer de un tirón en una tarde tranquila.

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8 Respuestas a “La librería ambulante

  1. Parece muy interesante, ¡tomo nota! 😀

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  2. Muy buena reseña, Victoria, y me encanta la cita que también yo había seleccionado. Si que es un libro que nos deja una sonrisa en la cara y una grata sensación de bienestar -también con las ganas de tomarte un poco de ese pan recién horneado 🙂

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  3. Solo con leer la reseña ya apetece leerlo. Un besín.

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  4. Victoria, si tu hermana quiere leerlo déjaselo. Hasta que no vuelva de Lisboa no lo necesito; se lo prometí a María mi auxiliar pero esta semana está de vacaciones.

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