Así vuela el cuervo

Bueno, lo terminé.  Por fin.  Y ahora me ha quedado una especie de vacío interior, porque me ha gustado tanto y hemos pasado tantos días juntos… Así vuela el cuervo, de la escritora canadiense Ann-Marie MacDonald, y publicado por la editorial Lumen.  He de decir que, una vez más, lo primero que me cautivó cuando lo vi fue la portada. Y es que Lumen tiene un diseño para muchos de sus libros, con cubiertas blancas y únicamente una foto o un dibujo (generalmente antiguo), que me gusta mucho. Y después, naturalmente, me gustó lo que leí en la contraportada, así que me aventuré a comenzar esta historia de 1.020 páginas en la que me he zambullido con gusto, divirtiéndome,  sufriendo y sobre todo indignándome.

Narra la historia de la familia McCarthy, una modélica familia “nómada” debido al trabajo del padre, militar del Ejército del Aire canadiense, que se traslada de una base militar a otra sin llegar a asentarse definitivamente, reiniciando su vida haciendo nuevos amigos y despidiéndose de los antiguos. Esto marca profundamente a la protagonista, su hija Madeleine,  que afirma “si tu padre pertenece al ejército del aire, la gente te pregunta de dónde eres y resulta difícil de contestar. La respuesta se va haciendo más larga a medida que te haces mayor, porque cambias de ciudad cada pocos años.  “¿De dónde eres?” “Del Real Ejército del Aire Canadiense”.

La historia se inicia cuando la familia es trasladada desde Alemania el puesto de Centralia, en Ontario, Canadá, porque nombran al teniente coronel McCarthy Director de la Escuela Central de Oficiales. Le acompaña su esposa Mimi, de Acadia, hermosa y sofisticada, una perfecta anfitriona, esposa y madre. Son una pareja enamorada, atractiva y elegante, con dos hijos guapos y educados: Madeleine, de ocho años, y Mike, de doce, y a la búsqueda de un tercero que no acaba de llegar.  No tienen  problemas, se quieren, caen bien a la gente, hacen amigos allá donde van, ayudan a sus vecinos. La vida parece idílica en la base militar, hay un gran compañerismo entre sus miembros, las mujeres colaboran entre sí y organizan todo tipo de actos sociales, los niños juegan libremente.

Sin embargo, debajo de esta apariencia idílica hay una serie de circunstancias ocultas. Jack McCarthy es agente de Inteligencia, condición que no conoce nadie en la base, ni su propia familia. Su único contacto y del que recibe las órdenes es su antiguo amigo Simon, con el que solo puede contactar telefónicamente y con nombre falso, y que en los momentos de mayor peligro, desaparece y le deja solo en la estacada.  Y la orden que ha de cumplir es hacerse cargo de Oskar Fried, un científico desertor de la Alemania Oriental, hasta que sea entregado a su contacto norteamericano, el capitán MacCarroll, para que se encargue de su asilo político. Pero accidentalmente se entera de que su protegido es un antiguo nazi, responsable de muchas muertes, que realizaba pruebas de cohetes en una fábrica bajo tierra llamada Dora, donde utilizaban a los prisioneros como exclavos.  Y resulta que en dicha fábrica trabajaba su vecino el señor Froelich, que tiene unos números azules tatuados en el brazo (“es para no olvidarme de mi número de teléfono” le cuenta a Madeleine cuando le pregunta). Jack se debate entre la repugnancia que siente por la condición nazi de su protegido y la obligación de acatar la orden de protegerle, debido a la necesidad que como científico tiene el gobierno de él. Y es que la guerra fría con los rusos, la carrera espacial por ser los primeros en mandar un cohete a la luna, las operaciones secretas del gobierno a costa de vidas inocentes “todo por la causa” es el trasfondo que late en esa vida ideal que lleva la familia.

Por otra parte, Madeleine acude a la escuela de la base. Allí tiene amigas y “enemigas”. Su profesor, el señor March, un hombre obeso siempre vestido con un traje marrón, hace quedarse después de clase a varias de las niñas, Madeleine entre ellas, y las somete a una serie de “ejercicios gimnásticos” que no son más que abusos sexuales, llegando incluso a la violación de alguna de las niñas. Madeleine no entiende  lo que le está pasando, cree que es un castigo por algo que ha hecho y no recuerda, se siente avergonzada y sucia, por lo que nunca se lo cuenta a sus padres ni hablan entre ellas de lo que sucede “después de las tres”.

Y comienza la tragedia. Desaparece una compañera de Madeleine, Claire McCarroll, y tras una larga y angustiosa búsqueda, la encuentra el hijo de su vecino,  Ricky Froelich.  La niña ha sido estrangulada y violada, y tras una corta y chapucera investigación policial, declaran culpable a Ricky, un chico de dieciseis años, bueno, atractivo, cariñoso y que gusta a todas las niñas. Todo el mundo sabe que es inocente, pero nadie habla. La burbuja de felicidad que rodeaba a la comunidad ha estallado definitivamente y lo que hay debajo no es nada bonito.

La angustia de los padres durante la búsqueda de la niña, los secretos que los niños no cuentan, pero sí las mentiras que se inventan, el hecho de que Jack pudo haber salvado a Ricky de la acusación de asesinato pero no podía hablar por órdenes expresas de Simon, para proteger su operación secreta, los problemas matrimoniales que le causa dicha operación porque su mujer está convencida de que la está engañando con otra mujer… Todo ello contribuye a dejar las vidas de los protagonistas marcadas para siempre. Las consecuencias durarán toda su vida, cada uno marchará por un camino distinto a intentar rehacerse, pero el peso de lo ocurrido les aplastará hasta que pueda surgir la verdad.

La autora toca gran cantidad de temas interesantes: la guerra fría, el desarraigo de la vida militar, el problema de la obediencia debida cuando choca con tus propios valores, el acogimiento de exiliados nazis por parte de los paises americanos por propia conveniencia, la angustia e incertidumbre que sufres ante la desaparición de un hijo… Y hace un tratamiento estupendo y delicado del tema de los abusos sexuales y cómo las víctimas reprimen esos recuerdos. Cuando consiguen que salgan a flote, tras muchos años, la sorpresa y el alivio es tremendo, y ya se encuentran explicaciones a preguntas que antes no tenían respuesta y que no les permitía ser felices.

Y hasta aquí puedo contar, para no estropearos la lectura de esta novela apasionante. Empieza con un ritmo muy lento, muchas conversaciones sobre  la amenaza rusa, y se va acelerando a medida que se suceden los acontecimientos. La última parte es distinta, se narra de otra manera  cuando ya todos son adultos y buscan la manera de sobrevivir a todo, y su  final  es sorprendente.

Os recomiendo que la leáis, ya me contaréis si os ha gustado.

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4 Respuestas a “Así vuela el cuervo

  1. Un placer y un lujazo !!!!!. Me encanta tu blog.

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  2. Me gusta mucho, a ver si lo leo.

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