La fórmula preferida del profesor.

1Había visto varias reseñas sobre este libro y tenía muchas ganas de leerlo, ya que me parecía que iba a ser algo diferente al resto. Y efectivamente, así ha sido. La fórmula preferida del profesor, de la escritora japonesa Yoko Ogawa y editado por Editorial Funambulista (colección literadura) no ha sido en absoluto como yo me imaginaba cuando lo compré.

En primer lugar, me gustó mucho su formato. Es un libro pequeño, con unas dimensiones distintas de las habituales (14 x 18 cm.), con una forma casi cuadrada. Ya solo este dato nos hace ver que no es algo común.

En esencia, cuenta la historia una mujer que trabaja para una empresa de limpieza y la contratan para limpiar en un un lugar problemático, ya que han sido varias las asistentas despedidas por el cliente. Este lugar es la casa del profesor (nunca se llega en todo el libro a mencionar su nombre). Este, que ha sido y es una eminencia matemática, sufrió hace ya muchos años un grave accidente de coche que le ha dejado como secuela que sus recuerdos  finalizan en el año 1975 y que su memoria en la actualidad dure únicamente ochenta minutos. El profesor dedica todo el día a investigaciones matemáticas que envía a una revista especializada para su publicación y poco más, ya que lleva una vida totalmente recogida y apartada de la vida social. Lo que más aborrece el profesor en este mundo es el gentío, según sus propias palabras, y lo que más valora es la tranquilidad.

Después de haber resuelto los problemas de las revistas matemáticas, y haber pasado a limpio las soluciones, y mientras las revisaba antes de enviarlas por correo, el profesor, satisfecho con la solución que les había dado, a menudo murmuraba:

– Ay, qué tranquilidad…

No era alegría ni libertad, sino calma lo que sentía al conseguir la solución correcta. Era la calma propia del que tiene la certeza de que cada cosa está en su lugar, sin tener que añadir ni quitar una sola coma, y que las cosas van a quedarse así eternamente, como siempre había sido. Al profesor le encantaba aquello.

La mujer empieza a trabajar en su casa limpiando, cocinando y cuidando del profesor, que, consciente de su falta de memoria, lleva su americana llena de papelitos prendidos con las cosas que cree importante recordar. Al poco tiempo, se entera de que la mujer tiene un hijo de 10 años y se empeña en que ha de acudir a casa con ella, aunque sea contraviniendo las normas de la empresa empleadora, ya que considera importante que un niño  no debe nunca estar alejado de la mirada de su madre. Cuando le conoce, comienza a llamarle Root (raíz cuadrada), ya que la forma de su cabeza es plana por detrás y le recuerda al símbolo matemático en cuestión. En realidad, es el único personaje que tiene un nombre, al resto se les menciona genéricamente: el profesor, la cuñada, el jefe de la agencia… Esta es una de las características de la novela.

Como es de esperar, surge una relación muy especial entre Root y el profesor. Este le enseñará la belleza y la poesía de las matemáticas, y Root le hablará del béisbol, su deporte favorito y también el del profesor antes del accidente. Así surge una tierna y curiosa relación entre ambos, en la que el niño pone todo el cuidado en no ofender ni recordar su incapacidad al profesor (le habla de su jugador favorito, Enatsu, que ha dejado de jugar hace años, como si aún fuese un héroe en activo) y éste le vigila y se preocupa por él constantemente (si ha hecho los deberes,  si le ha salido un bulto y hay que mirárselo…). Llegan así a hacer un pacto: el profesor arreglará la vieja radio para poder escuchar la retransmisión de los partidos de béisbol cuando Root cumpla con unos deberes especiales de matemáticas que le ha puesto. Y efectivamente, ambas partes cumplen con lo pactado con honor. Tan unidos han llegado a estar los tres que un día la madre les prepara una sorpresa y les lleva a ambos a ver un importante partido de béisbol. Para el profesor es toda una pesadilla semejante aventura, tener que enfrentarse con tanta gente en la calle, en un espacio que no domina… Incluso se produce un incidente: una bola perdida va contra el público, concretamente contra Root, y será inesperadamente el profesor el que se tire encima de él y le proteja con su cuerpo. La aventura sale mal, a la vuelta a casa el profesor está enfermo y la madre y el niño se quedan con él a cuidarle, motivo por el que es despedida de su trabajo y enviada a trabajar a otra casa.

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Al cabo de un tiempo, y visto que el niño sigue visitando al profesor y que éste quiere que vuelvan (así lo explica mediante un mensaje, su fórmula matemática preferida), la madre vuelve a ser contratada y se reanuda su relación, no solo con el viejo profesor sino con las matemáticas que va aprendiendo en la destartalada casa.  Descubre la existencia de los números perfectos, de los números primos (tan testarudos que solo son divisibles por ellos mismos o por uno), de los números primos gemelos (son los números que además de ser primos, son impares consecutivos), de los números primos grandes, del número primo de Mersenne, de los números triangulares :

Los números triangulares expresan la suma de los números naturales desde el 1 hasta cierto número, lo quieran ellos mismos o no. Y si juntamos dos triángulos iguales, la cosa va más allá.

Aparte de su edad y de todas las limitaciones consecuencia del accidente sufrido, el profesor cuenta también con una serie de curiosas habilidades, como la faculdad de hacer sinónimos o palíndromos con las palabras, y la facultad de encontrar el primero en el cielo al lucero de la tarde antes que nadie.

El personaje principal del libro, por encima de todo, son las matemáticas, a las que ama el profesor y a las que ha dedicado toda su vida, y enseñará a Root y a su madra a amarlas igualmente. Gracias a esa influencia recibida, cuando Root se convierte en adulto se hace profesor de matemáticas, para alegría y orgullo del profesor .Son las que le han salvado de llevar una existencia vacía e inútil tras su accidente, las que le proporcionan su frágil estabilidad. Nos habla delicada y amorosamente de la fórmula de Euler, del teorema de Pitágoras, del teorema de Fermat. Todo ello con gran ternura y delicadeza, ya que el mensaje final es que las matematicas son poesía, ritmo, elegancia…

La fórmula de Euler era como una estrella fugaz centelleando en la oscuridad. Era un verso grabado en una cueva tenebrosa. Impresionada por toda la belleza que contenía la fórmula, la guardé en la funda del pase de transporte.

Y nos sigue hablando de la belleza de los logaritmos, del conocimiento de las matemáticas, del descubrimiento del número 0…

– ¿Y quién lo descubrió?

– Fue un matemático indio desconocido. Fue él quien salvó a las matemáticas griegas de ser quemadas en las revueltas de los paganos, fue él quien resucitó los teoremas perdidos y además descubrió nuevos teoremas. Todos los matemáticos de la Grecia antigua pensaban que era innecesario calcular la nada. Como no existe la nada, tampoco es posible expresarla con números. Pero hubo personas que le dieron la vuelta a esa lógica tan razonable. Él fue capaz de expresar la nada con un número. Hizo existir la no existencia. ¿No te parece maravilloso?

– Sí, lo es.

No es un libro recomendable para cualquiera. Si te gusta la acción, este no es tu libro. Es una historia bella y poética sobre tres personas solas, peculiares y desvalidas que  se cuidan unos a los otros. Y, como he dicho, el personaje principal son las matemáticas, en torno a las cuales gira todo. Si no te gusta este tema, si careces de conocimientos mínimos sobre él o no es interesante para ti, no te gustará el libro, no pierdas el tiempo. No es un libro de lectura fácil ni ágil, es una historia distinta y en ocasiones lenta.

Y es que además se nota que la acción transcurre a otro ritmo mucho más pausado de lo que estamos acostumbrados, quizá debido a que su autora es japonesa. La forma de comportarse, las costumbres, están alejadas de nuestra sociedad, de nuestra manera de vivir y de nuestras creencias. Allí el profesor es muy respetado, tanto por sus conocimientos como por su edad, a pesar de sus limitaciones. La manera de trabajar en las distintas casas, las relaciones con los patronos, todo nos es ajeno… El ritmo de la lectura es pausado y nos obliga de vez en cuando a pararnos y reflexionar sobre los hermosos comentarios hechos sobre números, teoremas o teorías.

La escritora, Yoko Ogawa nació en Okayama (Japón), y se graduó en laOgawaYoko Universidad Waseda. Actualmente vive en Ashiya, Hyogo, con su marido y su hijo, donde se dedica exclusivamente a la literatura. Desde 1988 ha publicado más treinta de obras, tanto  de ficción y como de no ficción. A raíz del éxito de su novela, La fórmula preferida del profesor ha sido adaptada al cine, a la radio y al cómic, donde también ha triunfado. Debido a ello, en el año 2006 escribió también Una introducción a las matemáticas más elegantes del mundo con Masahiko Fujiwara, un matemático, como un diálogo sobre la extraordinaria belleza de los números.

Con La fórmula preferida del profesor, publicada en 2003, ha obtenido varios premios como el Premio Yomiuri, el Premio de las Librerías Japonesas y el de la Sociedad Nacional de Matemáticas “por haber mostrado la belleza de esta disciplina”.

Historia, pues, reposada, lenta, poética… Si no disfrutas con las matemáticas o con la lentitud de las cosas bonitas de la vida, no disfrutarás con este libro.

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