Archivo de la etiqueta: Alfaguara

Nadie se salva solo

Elegí comprar este libro recientemente en Libroviedo porque había ya leído de esta misma autora, Margaret Mazzantini,  No te muevas y La palabra más hermosa, y ambas me habían  gustado mucho. Las dos han sido llevadas al cine por su marido, el director de cine italiano Sergio Castellitto, y recibieron un montón de premios literarios. Margaret Mazzantini es una escritora y actriz  italiana (aunque nacida en Dublín), que tiene una manera cruda y realista de contar sus historias, con las que yo he disfrutado mucho.

Nadie se salva solo, publicada por la editorial Alfaguara, nos cuenta la historia de amor y desamor de la pareja protagonista. No tiene grandes aventuras, ni acción trepidante, sino que su tono es más bien intimista, de pequeños sucesos y  sentimientos.

Al comienzo de la novela, Delia y Gaetano, ya separados y con dos hijos en común, tienes una cita para cenar juntos y tratar asuntos pendientes.  A lo largo de la cena van surgiendo los recuerdos, los malentendidos, los rencores entre los dos… Y así, la autora va entremezclando las escenas de la cena con otras retrospectivas, y nos va contando, a pequeños trocitos desordenados, cómo eran los protagonistas cuando eran jóvenes, cómo se conocieron y enamoraron siendo dos personas tan distintas, cómo la convivencia y los problemas cotidianos los van transformando y van matando el amor, y cómo les cambió el matrimonio y, sobre todo, la llegada de los dos hijos. Gaetano es un irresponsable, no tiene ganas de compromiso. Delia ha madurado a la fuerza, ya que tiene que sacar adelante a sus dos niños, aunque a veces le pesen y sienta que se hunde, que vuelve otra vez la sombra de la anorexia padecida años antes.

Y vamos pasando gradualmente del amor al desamor, a las riñas, desplantes, decepciones y reproches, hasta llegar a la separación anunciada ya desde un principio.  Él piensa:

Si no fuera por los hijos, no estaría ahí, delante de ella. Pero ¿quién es ella? Cuántas veces se le ha ocurrido pensarlo, ¿por qué se mete uno en un bolsilo en vez de en otro? Sólo para acabar así de mal. Cuántas veces se le ha ocurrido pensarlo, ¿quién te conoce? ¿Quién eres? ¿Por qué me toca aguantar todo lo tuyo?  Tus olores más íntimos y todo lo demás.  Tu cara desilusionada sentada delante de mí.

Y ella reflexiona:

Bastaba con mirar atentamente a Gaetano para darse cuenta de que no era adecuado para ella, de que no eran adecuados. No estaban a la altura de la empresa que pretendían realizar. Dos inconstantes repletos de agujeros emocionales. Se habían husmeado a base de bien en el transcurso de unas cuantas horas. Convencidos de poder rellenar cada hueco con la mera fuerza del pensamiento.  El germen de la destrucción se albergaba ya en aquella exaltación.  Dos tímidos empedrados de desquites que peloteaban con una sola mitomanía, la de su unión.  Un mortal ejemplo de pareja contemporánea.

Me ha gustado mucho esta historia cotidiana e íntima de destrucción del amor de  una pareja, contada con crudeza y grandes dosis de desencanto.  Su lectura es ágil, rápida y absorbante. Incluso podría dejar un poso de tristeza, como cualquier historia de amor que fracasa. Yo la recomiendo sin dudarlo.

Anuncios

Vagabundear por la librería

El otro día tuve que ir a la librería de la que he sido visitante asidua durante muuuchos años y a la que,  por cuestiones de la crisis y de apretarse el cinturón, hacía tiempo que procuraba no entrar (a pesar de saberme su escaparate de memoria). En su lugar, empecé a frecuentar las bibliotecas públicas, que están estupendamente bien surtidas, si, pero no es lo mismo…  A mí me gusta acumular libros, son mis bienes más queridos.  Además, cuando me ha gustado un libro, generalmente acabo comprándolo, me gusta tenerlo  (atesorándolo, mi tesoro…. es mío…).

Pues bien, iba a comprar tres libros que me habían encargado para regalar, libros muy publicitados y colocados en lugares muy visibles, así que  no tenía que revolver ni pararme a buscar nada.  Podía haber entrado en la  tienda con orejeras de burro, ir directamente a coger estos tres títulos que llevaba apuntados,  pagar e irme sin más dilación, con la satisfacción del deber cumplido.  Pero no, una no es así, a pesar de saber que hubiese sido mejor hacerlo de esta manera.

Ya nada más entrar me distrajeron los libros de La otra orilla, una editorial que me encanta, donde descubrí autores e historias de lugares diferentes.  Un poco más allá, están los de Lumen, todos tan blanquitos, me encantan sus cubiertas. En la siguiente mesa, las novedades de Alfaguara y de Salamandra, siempre apetecibles e interesantes, dos de mis preferidas;  antes, los de Anagrama, que tienen títulos que no conozco y que me desafían a leerlos,  y me acaban entusiasmando;  y en el medio, los de Maeva, tan tiernos y conmovedores. ¡Ay, Dios, tantos libros por leer y tan poco tiempo para hacerlo! Empecé mirándolos de reojo mientras me dirigía con paso firme hacia la descomunal pila de los libros de Pérez Reverte, pero algunos títulos me llamaron con voces de sirena y ¡cómo no!, acabé parándome  en casi todos los expositores.  Al final, me marché con los tres libros cuya compra me habían encomendado y quince o veinte títulos más en la mente y en el corazón, con un poco de tristeza por tener que dejarlos allí, tan “solitos”.

El caso es que, para mí,  siempre ha sido un placer tener un rato libre y entrar a vagabundear en esa librería, ver lo que hay, lo que se acaba de publicar, descubrir un nuevo libro de alguno de mis autores favoritos, abrir los libros cuyas cubiertas me han gustado…  Prefiero hacerlo sola y despacio (mis amigos y familiares ya se niegan a venir conmigo, y yo lo prefiero así, para  que nadie me meta prisa, poder ir a mi aire y pararme donde quiera),  sin tener que solicitar ayuda de las dependientas, que, dicho sea de paso, son atentas y encantadoras.  Yo creo que  es  terapéutico, me cura la tristeza, me despoja del aburrimiento, me relaja y me da alegría… Cuando mis hijos eran muy pequeños y estaba que explotaba de agobio, mi marido me daba el abrigo y me decía: “Vete a dar una vuelta por la librería”,  sabiendo que volvería cargada con una buena bolsa, pero con una  sonrisa en la cara.

Y es que… ¿habrá mayor placer que vagabundear sin prisa por una buena librería, coger un libro, leer la contracubierta, posarlo, ir a por otro… y de repente, encontrarte con que tienes diez ejemplares entre los brazos y tienes que decidir cuál te llevas y cuál dejas? Para mí, no.

En fin, que yo ya tengo un montón de ideas para mi carta de este año a los Reyes Magos…  ¡y eso que no bajé a la sección de libros de bolsillo!