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La necesidad de un corrector.

Soy lectora compulsiva de libros. Me apasiona pasar horas con una novela bien escrita, cuyo argumento te atrape y cuya redacción te haga disfrutar. El libro te acompaña en cualquier momento: en un viaje, en la playa, durante una tarde lluviosa, en cualquier momento de ocio. Te hace soñar, conocer otras realidades, evadirte, aprender. Reconozco que es enorme el mérito de los escritores que nos hacen volar, olvidar nuestras penas o nuestro mundo, que nos hacen vivir otras vidas.

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Sin embargo, y puede que sea por deformación profesional, me disgusta mucho un texto mal escrito, mal puntuado, con tiempos verbales inadecuados o con frases mal construidas. Me distrae de la lectura y soy incapaz de disfrutar con ella. Siempre he pensado que un texto bien planteado, escrito correctamente y bien estructurado es la tarjeta de presentación no solo de la persona que lo ha redactado, sino también de la editorial que lo ha publicado. Y ahora me está pasando con la novela que leo. El argumento es bueno, pero las incorrecciones  me distraen continuamente. Y son muchas. ¿Qué me dice eso acerca de la editorial que lo ha publicado? ¿No cuentan con un corrector ortotipográfico y de estilo que se encargue de mejorar el texto? Me parece incluso una falta de respeto hacia el lector.

Es cierto que en la época de crisis que estamos pasando desde hace ya unos años las editoriales, con el fin de recortar gastos, han prescindido muchas de ellas de esta figura que yo considero indispensable y encargan esta tarea a otras personas no cualificadas para ello. Entiendo que contar con un buen corrector supone un gasto más en el presupuesto de la editorial o del propio escritor antes de ofrecer su novela. Pero la labor callada y escondida del corrector es indispensable. Hace que la redacción sea correcta, que las frases se entiendan, que todo tenga más sentido y, en definitiva, mejora la novela y permite que la lectura nos resulte más agradable.

Para que un texto sea de calidad es necesario, en primer lugar, que sea correcto4 ortográficamente y que esté bien puntuado. Eso es imprescindible. Aquí entra en juego la tarea del corrector, que se encargará además de revisar el texto gramatical y lingüísticamente. No podemos encontrarnos con una novela en la que no se sabe si el texto está en pasado, en presente o en futuro, porque está todo mezclado. Debe tener una coherencia. El estilo del escritor predomina por encima de todo, como es natural, ya que es su texto y debe primar el estilo personal de este.  Pero nuestra labor es corregir además la redacción, buscando una coherencia general del texto.

Es por todas estas razones por las que hago una defensa a ultranza del silencioso y necesario papel del corrector de textos, figura desconocida para muchísima gente. ¡Cuánto gana un texto cuando se ha realizado una buena corrección! Efectivamente, este trabajo, como todos, genera un gasto, pero el buen nombre del escritor o el prestigio de una editorial bien lo merecen. Y en definitiva, quien sale ganando siempre es el lector, que disfrutará mucho más con un texto bien corregido. ¡Mucha falta le hubiese hecho a la novela que estoy leyendo en estos momentos! ¡Cuánto hubiese mejorado! Y al final, ese debería ser el deseo de todo escritor: la satisfacción del lector.

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La importancia de la corrección en los libros

Acabo de terminar de leer una novela de terror que no me dijo nada. No sé por qué me dio por elegir una de ese tipo en la Biblioteca Pública, hacía mucho que no leía nada de ese género al que fui muy aficionada en otros tiempos, quizá es que mi ánimo en estos momentos tira más al negro que al rosa o a cualquier otro color. Sé positivamente que para leer una buena novela de terror has de tragarte diez malas experiencias, pero me arriesgué con ésta porque venía firmada por la esposa de Stephen King, escritor del que me han gustado varias de sus obras.

Voces del silencioLa novela se llamaba “Voces del silencio” y, aparte de que  me dejó totalmente indiferente (lo que es casi peor a que directamente no te guste), sí que me dio para pensar en lo importante que es la tarea de un corrector de libros  realizada antes de la publicación del mismo. Me molestaba enormemente, aparte de la historia tan anodina y sin interés, el mal uso de los tiempos verbales, la mala construcción de las frases, la utilización de palabras inexistentes en español, aunque se intente “españolizarlas”…  Todos estos errores distraen de la lectura fluida de la obra y hacen que te quedes con un mal recuerdo del  libro. La traducción del mismo puede ser buena o mala, pero después de la traducción debería  realizarse una tarea de corrección de dicha traducción en español para evitar que pase precisamente lo que estoy comentando.

No es la primera novela con la que me pasa. Han sido varios los libros que he leído en los que desgraciadamente me llamaba más la atención las faltas que contenían que el texto en sí. ¿A vosotros no os ha pasado nunca?

Por el contrario, y para terminar con buen sabor de boca, os recomiendo la lectura de “En el mar hay cocodrilos”, de Fabio Geda. Es una novela corta en la que el autor narra la historia de Enaiatollah Akbari, un niño afgano que se ve obligado a huir de su país y, tras muchas peripecias, llega a Italia, donde le cuenta su aventura al autor. Como digo, es un libro corto y de muy fácil lectura, que cuenta  la historia a través de los ojos de un niño de una manera directa y sencilla. Sin florituras innecesarias, nos conmueve en ocasiones y nos estremece en muchas otras. Precioso libro  que nos hace reflexionar sobre la dureza de la inmigración ilegal y también sobre la bondad de algunas personas en el mundo. Me parece una lectura muy recomendable para nuestros hijos adolescentes, tan acostumbrados a tener de todo sin esforzarse. Así podrán conocer otra visión distinta del mundo en que vivimos.