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Los almendros en flor

Acabo de terminar de leer Los almendros en flor,  el final (por ahora) de una deliciosa serie de libros escritos por Chris Stewart y publicados por Salamandra.  El primero fue Entre limones, al que siguió El loro en el limonero y, por último,  Los almendros en flor.

Chris Stewart  es una persona inusual y un tanto inquieta, un gran vitalista y un optimista empedernido.  En  la contracubierta del libro le describen así: “… Chris había realizado los más diversos trabajos, la mayoría de dudosa relevancia para su actual ocupación.  Entre otras actividades, fue el primer batería del mítico grupo de rock Génesis, trabajó en el circo de Sir Robert Fossett, se ganó la vida esquilando ovejas en Suecia, recorrió China para escribir una guía de viajes Rough Guide, obtuvo una licencia de piloto de aviación en Los Ángeles y completó un curso de cocina francesa.”

Pues bien, este peculiar personaje lo dejó todo en Inglaterra y se gastó todos sus ahorros comprando un ruinoso cortijo en la Alpujarra granadina, entorno del que se enamoró perdidamente.  Y ahí se inician sus aventuras en Entre limones,  recorriendo la zona, adquiriendo el cortijo “El Valero” en un estado lamentable, haciendo posibles ciertos arreglos “a su manera” y con ayuda de sus vecinos, cocinando, plantando, ciudando de su tierra, sus olivos, sus plantas, sus ovejas, perros, loros, ranas, y demás animales, y, sobre todo, disfrutando de las gentes que va conociendo, cada uno con forma de ser, sus manías y sus peculiaridades, que a veces le causan gran perplejidad, y todo ello narrado con un extraordinario sentido del humor.

En esta tercera parte continúan las peripecias de los habitantes de “El Valero”, aventuras cotidianas pero contadas con un gran sentido del humor. Chris va a cazar ranas con su hija, la enseña a conducir, recupera un loro perdido, colabora con una ONG, ayuda a unos inmigrantes ilegales, recoge sus aceitunas y hace su propio aceite o realiza el gran esfuerzo de recorrer muchos kilómetros (ante la incredulidad de su esposa Ana) solamente para poder ver el maravilloso paisaje de los campos cubiertos de almendros en flor. Y es que el libro, al igual que los otros dos, son un canto del autor a la belleza de la Alpujarra granadina, al amor a la naturaleza, a los animales y a todas las personas, vengan de donde vengan y hagan lo que hagan. Es un libro de lectura agradable. rápida y entretenida, sin grandes pretensiones, pero que se lee con una sonrisa en la cara.

Y ¿a quién no le gustaría en ocasiones dejarlo todo y marcharse a vivir en el paraíso (como él dice cuando se refiere a su cortijo y sus alrededores)?

Sobre la belleza

Hacía ya mucho tiempo que quería leer algo de Zadie Smith.  Cada vez que iba a la biblioteca   tenía alguno de sus libros en la mano para llevármelo, pero siempre se me cruzaba otro que me llamaba desesperadamente, y volvía a posar el anterior, dejándolo para otra ocasión (“bueno, la próxima vez que venga me lo llevo”).

Esta última vez, por fin, me llevé Sobre la belleza, publicado por la editorial Salamandra, la tercera novela de Zadie Smith, una escritora joven inglesa que ha sido un boom de ventas (a pesar suyo, ya que no le gusta  que la consideren así) y que ha ganado un sinfín de premios literarios. Concretamente Sobre la belleza ha merecido el premio Orange 2006 y ha sido finalista del premio Booker 2005.

El libro narra la historia de la familia Belsey, y sus desencuentros con otra familia, los Kipps.  El padre, Howard Belsey, blanco,  es profesor universitario en Wellington, toda su vida parece estar del revés por culpa de su desafortunada y a veces caótica conducta.  Se ha enemistado con colegas,  engaña a su mujer,  tiene a sus hijos en contra…  La madre, una hermosa y descomunal negra, se está replanteando su vida entera por culpa de la conducta de su esposo, al que hasta ahora había dedicado su existencia, renunciando a sus propias inquietudes. Empieza a descubrir que hay vida más allá de su familia, y que puede resultar muy interesante. Es el contrapunto de su marido, tiene los pies en el suelo,  es cariñosa y comprometida, y pasa del academicismo y la estrechez de miras que domina la vida de su esposo. Tienen tres hijos ya mayores, cada uno con sus propios intereses y sus propios problemas. El mayor, universitario de otra institución, sufre su primer desengaño amoroso, acaba de convertirse al cristianismo y está pensando en dejar los estudios; la mediana está plenamente integrada en la vida universitaria, es una luchadora tenaz e incansable, y también pasa por su primer enamoramiento, que vive como una lucha más; y el pequeño es el único que intenta vivir a espaldas del mundo universitario, busca causas por las que luchar, y en este momento se ha hecho abanderado de la causa de los hermanos haitianos.

Es una novela muy bien escrita, que describe, aparte de las vicisitudes de los miembros de la familia protagonista y sus acercamientos y alejamientos con los miembros de la familia Kipps, la vida un poco estrecha en una pequeña ciudad universitaria, de tal forma que la propia entidad universitaria es uno más de los protagonistas, y yo creo que no el menos importante. La relación entre los profesores y los alumnos, las luchas de éstos, cómo se aprovechan algunos profesores de la juventud e inexperiencia de algunos alumnos, o al revés, en otras ocasiones cómo son manipulados los profesores en interés del alumno manipulador, son elementos esenciales de la historia. En este sentido, me ha recordado ligeramente a La mancha humana, de Philip Roth.

Otro elemento a destacar  de la novela es la importancia que se da al hecho racial, el orgullo de ser negro,  la hermandad que se establece entre estos y los problemas que conlleva: hay  un departamento de Estudios Negros, un archivo de música negra, se habla del arte negro… Esta importancia de la negritud se halla muy presente también en las novelas de Terry McMillan, otra escritora que me gusta mucho.

En fin, me ha resultado una lectura muy entretenida, en ocasiones cómica, en otras, trágica, que parece que se lee con facilidad pero que engancha, haciéndote reflexionar sobre ciertos aspectos: el paso del tiempo, los cambios en la vida de una persona y cómo asumirlos, incluso el hecho de que los hijos vayan volando ya solos, con ideas propias. Me ha gustado.

Ahora estoy deseando leer Dientes blancos, su primera novela.

¿Qué os ha parecido a vosotros?

Vagabundear por la librería

El otro día tuve que ir a la librería de la que he sido visitante asidua durante muuuchos años y a la que,  por cuestiones de la crisis y de apretarse el cinturón, hacía tiempo que procuraba no entrar (a pesar de saberme su escaparate de memoria). En su lugar, empecé a frecuentar las bibliotecas públicas, que están estupendamente bien surtidas, si, pero no es lo mismo…  A mí me gusta acumular libros, son mis bienes más queridos.  Además, cuando me ha gustado un libro, generalmente acabo comprándolo, me gusta tenerlo  (atesorándolo, mi tesoro…. es mío…).

Pues bien, iba a comprar tres libros que me habían encargado para regalar, libros muy publicitados y colocados en lugares muy visibles, así que  no tenía que revolver ni pararme a buscar nada.  Podía haber entrado en la  tienda con orejeras de burro, ir directamente a coger estos tres títulos que llevaba apuntados,  pagar e irme sin más dilación, con la satisfacción del deber cumplido.  Pero no, una no es así, a pesar de saber que hubiese sido mejor hacerlo de esta manera.

Ya nada más entrar me distrajeron los libros de La otra orilla, una editorial que me encanta, donde descubrí autores e historias de lugares diferentes.  Un poco más allá, están los de Lumen, todos tan blanquitos, me encantan sus cubiertas. En la siguiente mesa, las novedades de Alfaguara y de Salamandra, siempre apetecibles e interesantes, dos de mis preferidas;  antes, los de Anagrama, que tienen títulos que no conozco y que me desafían a leerlos,  y me acaban entusiasmando;  y en el medio, los de Maeva, tan tiernos y conmovedores. ¡Ay, Dios, tantos libros por leer y tan poco tiempo para hacerlo! Empecé mirándolos de reojo mientras me dirigía con paso firme hacia la descomunal pila de los libros de Pérez Reverte, pero algunos títulos me llamaron con voces de sirena y ¡cómo no!, acabé parándome  en casi todos los expositores.  Al final, me marché con los tres libros cuya compra me habían encomendado y quince o veinte títulos más en la mente y en el corazón, con un poco de tristeza por tener que dejarlos allí, tan “solitos”.

El caso es que, para mí,  siempre ha sido un placer tener un rato libre y entrar a vagabundear en esa librería, ver lo que hay, lo que se acaba de publicar, descubrir un nuevo libro de alguno de mis autores favoritos, abrir los libros cuyas cubiertas me han gustado…  Prefiero hacerlo sola y despacio (mis amigos y familiares ya se niegan a venir conmigo, y yo lo prefiero así, para  que nadie me meta prisa, poder ir a mi aire y pararme donde quiera),  sin tener que solicitar ayuda de las dependientas, que, dicho sea de paso, son atentas y encantadoras.  Yo creo que  es  terapéutico, me cura la tristeza, me despoja del aburrimiento, me relaja y me da alegría… Cuando mis hijos eran muy pequeños y estaba que explotaba de agobio, mi marido me daba el abrigo y me decía: “Vete a dar una vuelta por la librería”,  sabiendo que volvería cargada con una buena bolsa, pero con una  sonrisa en la cara.

Y es que… ¿habrá mayor placer que vagabundear sin prisa por una buena librería, coger un libro, leer la contracubierta, posarlo, ir a por otro… y de repente, encontrarte con que tienes diez ejemplares entre los brazos y tienes que decidir cuál te llevas y cuál dejas? Para mí, no.

En fin, que yo ya tengo un montón de ideas para mi carta de este año a los Reyes Magos…  ¡y eso que no bajé a la sección de libros de bolsillo!